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Educación

El naufragio del sistema escolar

Uno de cada cinco estudiantes secundarios no alcanza los aprendizajes mínimos en lengua y el 40% fracasa en matemáticas; el rendimiento depende de los orígenes socioculturales de los alumnos

 

l año próximo se cumplen 40 años del inicio del periodo democrático y, desde ese momento, las reflexiones sobre el campo educativo incluyen la expresión “crisis”. Como señalara Cecilia Braslavsky en aquella época, refiriéndose a la educación media, la crisis se manifestaba en el desfasaje entre las expectativas que los actores albergaban respecto de los resultados de la escolarización y lo que ésta producía.

Después de 40 años, la distancia entre expectativas y realidad se ha profundizado y requiere ser reconceptualizada. A mi criterio, lo que atravesamos es un proceso de desinstitucionalización de la educación escolarizada, que no es privativa del país y tampoco del campo educativo.

Desde los años 70, todo el andamiaje institucional, construido por la modernidad para su sostén y reproducción, atraviesa un proceso de mutación que denominamos crisis. Cabe solo nombrar los partidos políticos tradicionales, la institución familia y hasta la construcción binaria de los sexos. Claro que en cada campo y latitud este fenómeno tiene características propias. En todos los casos incluye decadencia y cierto caos. Algunas sociedades son capaces de renovar su red institucional adaptándola a una realidad que se aleja cada vez más de los parámetros de la modernidad.

 

En lengua, los estudiantes más pobres son entre cuatro o cinco veces más propensos a desempeñarse en el nivel más bajo que los chicos ricos.

Alejandro Guyot – LA NACION

 

 

La educación escolarizada sufre el impacto del advenimiento de la sociedad digital, algunos países han dispuesto cambios importantes en los modos de trasmisión generacional del saber y de socialización de las nuevas generaciones. En otros, como el nuestro, asistimos al naufragio de nuestro sistema de escolarización que está en una fase de desinstitucionalización que ya no puede ser encubierta tras la red de la simulación.

Por desinstitucionalización entendemos una dificultad creciente de cumplir con las funciones socialmente asignadas con la correspondiente pérdida de sentido y legitimidad social. Veamos cómo se expresa este fenómeno.

 

Alarmas en el aula

La primera función social de la institución escolar es la de transferir a las nuevas generaciones el conocimiento acumulado por la sociedad y, junto con ellos, las habilidades que la sociedad les requiere para desempeñarse en su vida. Si tomamos los datos de las últimas pruebas Aprender, la capacidad de la escuela de cumplir esta función está en plena decadencia.

  • En lengua, casi uno de cada cuatro estudiantes de 6° grado no alcanza los niveles mínimos de aprendizaje y, en matemáticas, dos de cada diez están en esta situación.

Si consideramos los datos del último año de la secundaria de la prueba tomada en 2019, los resultados son:

  • Uno de cada cinco estudiantes no alcanza el nivel mínimo en lengua y cuatro de cada diez no lo hacen en matemáticas.

Claro que estas son cifras agregadas que no distinguen el origen sociocultural de los alumnos y, por tanto, no nos dicen nada sobre el impacto diferencial de la escolarización en el aprendizaje de los alumnos. Si desagregamos los datos, nos muestran un sesgo en los resultados determinado por el origen social de los alumnos.

  • En lengua, los estudiantes más pobres son entre cuatro o cinco veces más propensos a desempeñarse en el nivel más bajo que los chicos ricos.
  • En matemáticas, entre cuatro y seis de cada diez de los estudiantes más pobres no logran los aprendizajes mínimos.

De modo que la escuela logra su propósito de “enseñar” básicamente con aquellos chicos cuyos recursos culturales de origen son acordes con sus exigencias, y no es capaz de enseñar a aquellos otros cuyo acervo de origen es extraño a la cultura escolar.

 

La primera función social de la institución escolar es la de transferir a las nuevas generaciones el conocimiento acumulado por la sociedad y, junto con ellos, las habilidades que la sociedad les requiere para desempeñarse en su vida – Ricardo Pristupluk

 

Hay otras muchas expresiones de desinstitucionalización de la escuela. Una de ellas es su incapacidad de moldear la conducta de sus alumnos de acuerdo a un patrón social que rige las conductas en el mundo integrado. La distancia entre la socialización escolar y la exigida en el mundo de los integrados se construyó de este modo: a medida que el sistema fue ampliando sus matrículas e incluyendo a una población cada vez más heterogénea, se fragmentó y generó circuitos diferenciados para los diferentes sectores que fue incorporando. No solo se partió en dos subsistemas, el privado y el público. El primero, dedicado a las clases medias y altas y el segundo, a los sectores medios bajos y bajos. También reprodujo la heterogeneidad sociocultural que está comprendida en estos dos grandes sectores.

“La escuela no es capaz de enseñar a aquellos otros cuyo acervo de origen es extraño a la cultura escolar”

La fragmentación generó un movimiento de cierre de cada sector sobre sí mismo, que incluye los patrones de socialización de las instituciones que atienden a los alumnos de ese sector. La escuela se transformó, así, en un espacio de reproducción y reforzamiento de las conductas, los valores, los modos de vida del sector social al que atienden. Cuando se desenvuelven en espacios marginales atravesados por el narco y las estrategias del aguante, su patrón de socialización reproduce este marco cultural. No proporciona, entonces, ni los saberes, ni los hábitos, ni los instrumentos que permitan a sus alumnos habitar en otros espacios sociales.

La Argentina es casi el único país de la región que no ha podido avanzar en la generación de una carrera docente basada en los méritos

 

Los docentes y la pandemia

Otra manifestación del proceso de desinstitucionalización es la des-profesionalización de los agentes. Actualmente la Argentina es casi el único país de la región que no ha podido avanzar en la generación de una carrera docente basada en los méritos, ya sea de formación y perfeccionamiento como de resultados. Hoy los docentes solo mejoran su retribución con el paso del tiempo. Los requisitos de capacitación son muy acotados y solo rigen en el inicio de la carrera.

Tal vez la manifestación más clara de este fenómeno se dio durante la pandemia y después de ella. Las instituciones tuvieron muy poca capacidad de construir propuestas alternativas a la presencialidad para mantener cierto nivel de aprendizaje de los alumnos. Que esto sucediera dependió fundamentalmente de la existencia de un director capaz de pensar un plan y cohesionar a los docentes a partir de esa propuesta. En general, según todas las investigaciones, el buen funcionamiento de una escuela está supeditado a las dotes personales del directivo y no a un plan institucional que lo garantice, más allá de las personas que lo gestionen.

¿Cómo una institución, cuya función esencial es alfabetizar, puede no registrar que un porcentaje significativo de quienes pasan por sus aulas no son alfabetos?

Después de un año y medio sin clases presenciales el retorno a las aulas ha sido y es muy dificultoso. Hay una mayor frecuencia en el ausentismo de docentes y alumnos, que construye una escolarización discontinua y dispersa poco compatible con cualquier propuesta pedagógica. Los chicos tienen muchas horas libres y las escuelas no han desarrollado ningún dispositivo para aprovechar adecuadamente ese tiempo y tampoco el aparato de supervisión registra estas situaciones y genera algún mecanismo para subsanarlo. En espejo con esta situación, también los alumnos faltan mucho, como si para docentes y ellos mismos, estar o no en la clase fuera poco relevante.

 

 

Después de un año y medio sin clases presenciales el retorno a las aulas ha sido y es muy dificultoso

 

 

“No hay una carrera docente basada en los méritos. Los docentes solo mejoran su retribución con el paso del tiempo”

 

A este hecho se agrega el registro de la flexibilización de los horarios, no solo la modificación de acuerdo a la temperatura ambiente, sino también su variación de acuerdo a las necesidades particulares de alumnos y, en algunos casos, directivos. Cuando hablamos de flexibilización de horarios, incluimos el registro de días sin clases sin que medie una autorización oficial, sino por circunstancias específicas que afectan la institución (hoy se cortó la luz, no hay agua, no vino la gente de limpieza…)

Finalmente, la ausencia de institución se hace evidente en el caso de los alumnos que terminan la escuela primaria sin estar alfabetizadosChicos que concurren durante seis o siete años a la escuela y no aprenden aquello que habitualmente se logra en el primer año. La situación sale a la luz a través de las pruebas nacionales y no por una constatación de la escuela.

¿Cómo una institución, cuya función esencial es alfabetizar, puede no registrar que un porcentaje significativo de quienes pasan por sus aulas no son alfabetos? A mi criterio, solo puede pasar por la disolución de esa entidad institucional. Por la ausencia de aquello que transforma a un conjunto de niños y jóvenes, por un lado, y docentes, por otro, en una “escuela”.

 

La Nación

 

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