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“Carlotto es una militante K”, por Alfredo Leuco

El nuevo editorial de Alfredo Leuco para “Le doy mi Palabra”.

Estela Carlotto ya no es una dirigente de los derechos humanos. Hay que decirlo con toda claridad. Hace mucho que la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo se convirtió en una militante política al servicio de Cristina.

Y este, tal vez haya sido uno de los daños más irreparables que cometieron los Kirchner entre tanto daño que hicieron. Porque profanaron la idea de los derechos humanos y los convirtieron en un escudo de impunidad para ocultar la corrupción más grande de la historia democrática.

Algunos por convicción ideológica y otros por conveniencia económica, se automutilaron, dejaron de representar al todo y se achicaron. Redujeron su nivel de representatividad y pasaron a ser defensores de una facción partidaria.

Esta es la verdad. Hace tiempo que Estela Carlotto no defiende los derechos humanos de todos los argentinos. Su mirada militante hace que niegue la violación atroz de los derechos humanos en Formosa, por ejemplo.

Un señor feudal que reprime y somete a su pueblo en todos los sentidos no mereció ni siquiera una palabra de crítica de la señora Carlotto. La cleptocracia que instaló Cristina y su Cártel de los Pingüinos no tiene antecedentes. Le robaron fortunas colosales al pueblo de la patria.

Y Estela niega esa realidad y se suma a todo el relato mentiroso del gobierno. Carlotto llegó al extremo de defender malandras indefendibles como el ex vicepresidente Amado Boudou, ladrón y coimero condenado por 16 jueces y en todas las instancias. O millonarios terratenientes y testaferros de los K como Lázaro Báez.

Ya en su momento había puesto su cara para sostener la mentira de que los hijos de Ernestina Herrera de Noble eran hijos de desaparecidos y habían sido apropiados.

Y después, cuando la justicia demostró que no era verdad, no tuvo ni la delicadeza de pedir disculpas. En el caso Santiago Maldonado, todavía sigue sosteniendo la farsa de que fue un desaparecido, un héroe que murió por culpa de la dictadura de Macri y Patricia Bullrich.

Esa mentira gigantesca, inventada por Horacio Verbitsky, es tal vez uno de los más graves daños simbólicos que sufrieron en su credibilidad las entidades que antes defendían los derechos humanos y ahora defienden la cleptocracia y el patoterismo de estado.

La militancia política tiene muchos aspectos positivos vinculados a la participación y al compromiso para extirpar las injusticias de la sociedad. Pero cuando se inflama la ideología, se oscurece la razón y abre paso al fanatismo.

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