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Opinión

Enseñanzas de Alfonsín, a 12 años de su muerte

Maximiliano Abad

Por Maximiliano Abad, Jefe de bloque de Diputados de Juntos por el Cambio Provincia de Buenos Aires

En un país tan acostumbrado a las divisiones y a reescribir la historia constantemente, no es algo menor que el respeto y la admiración que despierta Alfonsín crezcan con los años. La pregunta es por qué sucede esto: ¿Qué hay detrás del consenso que genera su figura?

Lejos estoy de proponer en estas líneas una respuesta definitiva, pero sí estoy convencido de que contamos con herramientas para pensar —colectivamente— cómo continuar aprovechando su ejemplo para construir futuro, tal como él hubiera querido.

No importa en qué etapa de la vida de Alfonsín pongamos nuestra mirada: los valores que delinearon sus acciones fueron siempre los mismos. Su compromiso cívico y honestidad, su visión y generosidad para pensar siempre en las generaciones venideras, y su capacidad para liderar con prudencia y templanza en los momentos difíciles, los encontramos antes, durante y después de la presidencia en la que forjó la democracia que disfrutamos hoy.

Allí está, creo yo, el secreto que explica su vigencia indiscutible. Su vida es el ejemplo más significativo de la relevancia que tiene la coherencia como guía orientadora para todos los que ejercemos la función pública y soñamos, cada día, con un país más justo y solidario.

Cuando hablamos, escribimos o pensamos sobre un hombre cuya visión de futuro rompió todos los esquemas, es imposible no trazar puentes entre su experiencia y nuestra actualidad. Las libertades y los derechos que hoy damos por sentados fueron institucionalizados por él hace más de 30 años, en un contexto de inestabilidad constante.

En julio de aquel histórico e intenso 1983, Alfonsín fue a buscar a De la Rúa el día después de que este bajara su candidatura presidencial. ¿Necesitaba del apoyo de su rival? Para nada, su espacio Renovación y Cambio venía de ganar holgadamente los comicios de la UCR bonaerense: se llevó los cuatro delegados al Comité Nacional, confirmando un apoyo indiscutible para liderar al partido y encabezar la fórmula presidencial en las elecciones más importantes de nuestra historia.

Allí está, una vez más, su inclinación permanente a mirar más allá del presente y de sus conveniencias personales. Puso adelante al radicalismo y a la Argentina, como siempre. No hay transformación posible sin una unidad sólida que promueva los cambios necesarios y garantice el logro de los objetivos. Cualquier parecido con la realidad actual no es mera coincidencia.

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