Connect with us

Buscador de noticias

Opinión

Ibarreta, casi 100 años de soledad

Por Julián Navarro

99 años cumple la ciudad de Ibarreta, casi un siglo en la historia, si nos ponemos a pensar este acontecimiento es mucho tiempo; casi un siglo. Sin embargo, esta localidad que en parte de su historia pasada luciera pujante, reivindicando su status de trabajo y progreso, hoy luce como una “villa miseria” como si siempre hubiera estado en la soledad y el abandono.

Esto no siempre fue así, pero cuando se escucha de Ibarreta, siempre se habla de épocas lejanas y de un pasado aún más lejano que fuera próspero y de un porvenir casi desconocido, forjado no sin muchos sacrificios por sus colonos que enfrentaron con trabajo digno a las vicisitudes de la intemperie y a las “plagas” de la naturaleza.

Hoy todo aquello, pareciera un relato de la lucha épica de colonos esperanzados y de su triunfo sobre la adversidad; pareciera un relato lejano en el tiempo, casi medieval, pues lo que vemos hoy es como si hubieran pasado casi 100 años de abandono y desinterés.

La pujanza del cultivo del algodón llenando los galpones de la desmotadora y de la riqueza que se arrancaba de este suelo no sin sacrificio y sudor, hace tiempo que pasó a ser parte del folclore de cada campaña en épocas políticas. Siendo aquella evocación de bonanza y orgullo de épocas pasadas un vil slogan utilizado casi perversamente pues toca nuestra nostalgia romántica, y a nuestra memoria colectiva de haber sido alguna vez, algo que hoy ya no somos y que hemos perdido.

Para ser justo con aquellos que trabajaron laboriosamente los campos y cultivos, ni siquiera nosotros, los hijos que ahora la habitamos, tenemos la culpa de nuestro destino. Somos, si se quiere, inocentes, libre de culpas y cargos de nuestro propio destino.

Todo esto es culpa de algo superior a nosotros, algo inmanejable como “una plaga” insaciable la cual nos azota, enviada como una maldición divina por el creador, como aquel monstruo bíblico llamado Leviatán ,que emerge de las aguas de la “Laguna Pryzcepa” y que devora incesantemente a nuestro futuro y el de nuestros hijos. Todo es culpa de la política y de su construcción monstruosa. Nosotros no tenemos la culpa: es la política y sus políticos.

Contamos como ajenos a nuestros hechos y aun a nuestros actos y de alguna manera queremos desembarazarnos de ellos como quien niega su nombre frente al destino, acaso olvidarnos de lo que nosotros mismos construimos, como queriendo desconocer que creamos nuestro propio monstruo, creamos a nuestro propio Leviatán: y eso tiene forma de títere y de tirano.

Lo más extraño es que los ibarreteños, con el voto, los pusimos allí, a uno como un Intendente títere, consagrado como el más inútil de nuestra historia y a el otro como un tirano diputado eterno de una novela interminable escrita por el mismo diablo, configurando nuestra espantosa realidad dantesca. Pero, por suerte , nosotros no somos culpables, la política lo es.

Lo más viejos, hablan que hubieran preferido seguir con el gobierno “de los milicos”, o con una anarquía antes que un sorda y maldita tiranía dictada desde un sillón de la legislatura de Formosa y desde un teléfono celular por un hijo de Ibarreta a su títere de turno.

Sin embargo, pienso que los ibarreteños no estamos malditos, tampoco nos debemos una anarquía, solo tenemos lo que nos merecemos, porque a la luz de los hechos todo lo aceptamos callados y sumisos, o quizás naturalizamos la rifa de nuestro futuro y el de los nuestros amados por algunas migajas en épocas de elecciones.

Yo que tengo algunos libros, leí que la comparación entre anarquía y tiranía tuvo su expresión clásica en las ideas de Thomas Hobbes, quien escribió en medio de la guerra civil inglesa del siglo XVII, (y eso ocurrió hace algo más que 99 años). Hobbes, uno de esos pensadores llamados “malditos” porque, al igual que Maquiavelo, exploró los rincones más oscuros del alma humana, sostuvo que la tiranía es preferible a la anarquía porque, en tanto en la tiranía la sociedad debe ajustar su conducta a los dictados de un solo individuo, la anarquía consiste en la presencia tumultuosa de miles de tiranuelos en las calles.

Por lo visto, los ibarreteños, somos inteligentes, conocemos el legado de Tomas Hobbes y leímos la genial novela de Gabriel García Márquez y sobretodo elegimos el problema menor y nos entregamos a un solo tirano, pues es mejor rendir pleitesía solo a uno y también a quien echar culpas de nuestro abandono y casi “cien años soledad”.

En el aquí y ahora, no importa tener todo atado con alambres: un pueblo abandonado y casi echo un terreno baldío, tampoco importa tener un sistema de salud destruido e inoperante, ni una educación tan politizada y tan perversa que ni siquiera importa la carrera del profesional docente para ocupar los cargos en las aulas que formaran y educaran a nuestros hijos.

Nadie habla de ello, aquí está todo bien, pues tampoco importa tener un intendente títere con ínfulas de “Rockefeller corredor inmobiliario” que cada día aparece con un terreno o propiedad distinta en su haber. Aquí está todo bien en “mi lugar, tu lugar, nuestro lugar”, frase burlesca, echa por un canalla, de algo que ni siquiera siente.

Lo que sí, encontramos la forma fácil y cómoda, aunque humillante, de sobrevivir sujetándose a la omnímoda voluntad de un único tirano representado por un títere propietario, pues eso fue lo mejor que hicimos en 99 años de historia, ¿cómo no hacer eso, ante una posible masa multiforme de muchos de ellos, cada uno con su propio código de violencia autoritaria y cada uno con más de una empresa inmobiliaria? Hicimos lo mejor.

No por eso Hobbes elogió al tirano. Por algo le dio el nombre de Leviatán, ese monstruo bíblico, que emerge del fondo de las oscuras aguas, cuyos rasgos demoníacos describe el Libro de Job. Pese a aplicarle uno de los peores nombres de la Biblia, Hobbes extrajo a propósito de él la más negra de sus conclusiones: cuando cunde el espanto ante la difusión anárquica que tiene la violencia cabal de cooptar con mecanismos burocráticos a toda una ciudadanía, apretando, mintiendo y desilusionando a diario, la cual se entregó resignadamente a su propio Leviatán configurado en forma de actual diputado y de inútil intendente, como olvidando que alguna vez ,sus ancestros fundaron el pueblo de Ibarreta, soñando y osando ser libres.

COMPARTIR:

Tambien te puede interesar...